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Prefacio: La inteligencia a pesar de todo, Olivier Houdé

¿Quién es Olivier Houdé?

Olivier Houdé psicólogo especialista en el desarrollo de los niños

Olivier Houdé

1963 (Est. Francés)
Es psicólogo e investigador del desarrollo, profesor de Formación Inicial y de Psicología en la Universidad de París Descartes, donde dirige, en la Sorbona, el laboratorio de Psicología del Desarrollo y la Educación Infantil (LaPsyDÉ) del CNRS. Es pionero en Francia y uno de los primeros en el mundo en aplicar tecnologías de imágenes cerebrales para el estudio del desarrollo cognitivo de los niños de guardería y primaria.

En Editorial Popular ha publicado: El espíritu Piaget. Homenaje Internacional a Jean Piaget (Madrid, 2001) y La psicología del niño. Piaget revisado y superado (Madrid, 2006). Desde 2018, es miembro de la Academia Francesa de Tecnología. Olivier Houdé. (n.d.). Txalaparta.eus. Retrieved October 24, 2022, from https://www.txalaparta.eus/es/libreria/autores/olivier-houde

En el prefacio del libro “La Psicología de la inteligencia” de Jean Piaget, encontramos una revisión breve pero concisa de la teoría constructivista con críticas destacables que realiza Houdé, por ejemplo, él asegura:

“La articulación efectiva con la biología es en verdad un punto débil en su edificio.” ( Ver 1)

En este punto hace referencia a la inconsistencia de la teoría piagetiana frente a los mecanismo inhibitorios que suelen presentar algunos niños con problemas de aprendizaje. Esta crítica es válida en la medida que desviemos el análisis de los casos presentados a lo largo del trabajo de Piaget, hacia niños con problemas inhibitorios, sin embargo, y es necesario aclarar, Piaget no buscaba corroborar en casos clínicos o sobre diagnósticos específicos aquellas regularidades observadas en niños sin problemas de aprendizaje.

Cuando nos adentramos en las singularidades respecto de las incidencias basadas en la personalidad de cada niño, la cultura donde habita y los métodos usados para el aprendizaje, claramente podemos encontrar variaciones en grados extremos.

Más adelante Olivier Houdé va a afirmar que:

“La inhibición, en el pensamiento de Piaget, era demasiado negativa para su teoría constructivista del desarrollo del niño (ya que significaba represión, opuesta a la libertad). Por cierto, esta incomprensión es el más importante error de Piaget.”

En esta frase encontramos claros elementos de una crítica directa hacia la teoría constructivista desde un punto de vista psicoanalítico y socioafectivo.

Ciertamente que el programa de Piaget dejaba de lado la complejidad de estudiar el afecto en el artificio de sus pruebas con los niños que se daban en un encuadre específico de trabajo, que como todo artificio de investigación, implica un control extremo del proceso sin la posibilidad de que otros elementos causales puedan quedar de manifiesto, es decir, ¿cómo podemos ver la verdadera influencia social, familiar o cultural en una prueba que no la contempla?

La inhibición entra en el campo de la patología, en tanto que el afecto no es contemplado siquiera como una variable a considerar en las pruebas de Piaget, por ende, la amenaza emergente que representa su aparición en el sujeto de la prueba, queda descartada o al menos, indiferente con respecto a los procesos que permiten al niño ejecutar con éxito una tarea.

En otro lugar, Olivier Houdé se explica mejor:

“La precocidad de la mente infantil se pone de manifiesto nuevamente en relación al concepto de número. Este capítulo del libro recoge investigaciones sumamente interesantes que revelan que ya bebés de 4-5 meses realizan la adición 1 + 1 = 2 y la sustracción 2 – 1 = 1. El número llega a los humanos mucho antes que el lenguaje y es inscrito biológicamente en los sistemas visuales y espaciales, ligados a la acción.

Hacia los dos años, con el lenguaje, el niño o la niña deben aprender a hacer cálculos utilizando las palabras que corresponden a los números, así ganan en capacidad de abstracción y manipulación simbólica, pero el paso provoca errores antes no presentes.

Sin embargo, incluso niños de dos años resuelve una versión modificada de la famosa tarea de Piaget de las dos hileras de fichas, que él suponía al alcance sólo de niños de siete años. Se recordará que se trata de dos hileras de igual número de fichas, pero una más espaciada que la otra y por tanto de mayor longitud: los menores de siete años responde equivocadamente que hay más fichas en la hilera más larga.

Pero si en vez de fichas se usan bombones y en la hilera corta se incluyen más bombones que en la larga, los dosañeros resuelven la tarea correctamente: la emoción ayuda a pensar, a inhibir la primera respuesta basada en la percepción.

También en la categorización se manifiestan las capacidades de los niños y niñas menores de siete años e incluso de los bebés, con una patológica basada en la acción.  No somos sólo «seres lógicos», y por eso se encabalgan a lo largo del desarrollo otras formas de categorización «nológica», como escenas, guiones o prototipos.

La emoción no es un obstáculo, sino que puede ayudar al razonamiento; de hecho resulta indispensable para corregir errores y orientar esfuerzos cognitivos. La evolución ha configurado un cerebro en el que permanecen las emociones necesarias para inhibir los comportamientos inadaptados. Esta es quizá la forma óptima de adaptación biológica y no, como planteaba Piaget, la inteligencia lógica en sí.” (Ver 2)

En el mismo prefacio de “La psicología de la inteligencia”, Houdé continúa:

“Al tratar de contradecir a Rusell y a su logicismo, terminaba por darle la razón. La psicología de la inteligencia del niño se convertía en verdad en el espejo de la lógica, más o menos formal, y ese espejo deformante impidió que Piaget notase el papel clave del muy psicológico mecanismo de inhibición cognitiva, independientemente de la lógica misma.”

“La inhibición es una forma de control neurocognitivo y comportamental que permite a los niños -sobre todo en la escuela- resistir los hábitos o automatismos, las tentaciones, distracciones o interferencias, y adaptarse a situaciones complejas, gracias a la flexibilidad (dinámica de inhibición/activación de estrategias cognitivas en competencia). La falta de inhibición puede explicar dificultades de aprendizaje (errores, sesgos de razonamiento, etc.) y de adaptación tanto cognitiva como social.”

Aquí, como psicopedagogo, no puedo dejar de contemplar el potencial de influencia que ejerce la inhibición, y los estados emocionales en general, en los procesos de aprendizaje. Si nos movemos hacia el campo de los problemas de aprendizaje es cierto que la construcción de la personalidad del niño y el marco socioafectivo en donde desarrolla su vida cotidiana ejerce influencia determinante en el modo en que se posiciona, adhiere o rechaza un objeto de conocimiento formal.

Sería pretencioso de mi parte minimizar a este pequeño artículo tamaña explicación que se requiere para poder dar cuenta las diferentes contingencias que se dan en el marco de un sistema autoregulatorio que el niño se impone a fuerza de patrones de crianza, miedos, recursos culturales e incluso valores familiares que se hacen presente al momento de dar solución a un problema.

Y eso sin adentrarnos en el análisis de ese otro adulto representante de la cultura, el docente, que desde la lógica escolar va a intentar enseñarle aquello que se considera útil que el niño aprenda a determinada edad.

El prefacio de Houdé es interesante para adentrarnos a la teoría piagetiana a sabiendas de los límites que toda teoría adquiere en un marco mucho más grande que los propios límites impuestos por su autor. Es una advertencia, necesaria sí, pero no deslegitimadora del trabajo de Piaget.

Una advertencia sobre hasta dónde podemos llevar los procesos puramente cognitivos y lógicos si los contrastamos con las diferentes culturas, métodos y perspectivas que sabemos que influyen en el aprendizaje in situ de los niños.

Vale decir que la teoría constructivista no es una teoría para el aprendizaje y sus problemas, es una teoría sobre el origen del conocimiento, y en este caso específico, la inteligencia, que todavía hoy nos sirve para explicar buena parte de ella pero que sin duda, no nos basta.

Bibliografía:

  1. [Piaget, J. (1968). Prefacio: La inteligencia a pesar de todo. La psicología de la inteligencia (16-21). Buenos Aires, Argentina: Siglo Veintiuno]
  2. Lacueva, A. (2007). OLIVIER HOUDÉ (2006). La psicología del niño. Piaget revisado y superado. Colección Urgencias. Madrid: Popular (Original en francés: La psychologie de l’enfant. Presses Universitaires de France). Revista de pedagogía – Escuela de Educación, Universidad Central de Venezuela, 28(81), 137–140. http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0798-97922007000100006


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